
Al sur de Buenos Aires se halla uno de los lugares más pintorescos de Argentina por su historia, sus costumbres y sus coloridas casonas construidas en chapa:
el barrio de La Boca, el primer puerto que tuvo la ciudad.
Sus peculiares características edilicias y sus costumbres reflejan la notable influencia de los ciudadanos europeos, principalmente de italianos genoveses, que se asentaron en el lugar durante la gran ola migratoria que recibió Argentina en el periodo de 1860 a 1930.
"La Piccola Italia", como también se la llama, está impregnada de un estilo mediterráneo. Desde su gastronomía, que se ofrece en tradicionales cantinas de inconfundible estilo italiano, hasta su arquitectura.
En el siglo XIX fue una zona de asentamiento de marineros genoveses y trabajadores portuarios de identidad alegre, lo que dio origen a una sociedad fraternal de la cual surgieron poetas, músicos y artistas plásticos, entre otros destacados personajes.
Ellos hablaban el dialecto xeneixe, el de los genoveses, como si estuvieran en su tierra. Eran muy trabajadores y fraternales, incluso organizaron diversas instituciones de apoyo comunitario. Posteriormente, llegaron también migrantes griegos, polacos, ingleses y turcos, aunque en menor medida.
Su aspecto, diferente al de otros barrios de la ciudad, era de casas bajas de madera con techos y paredes de zinc, y con fachadas exteriores pintadas de diversos y vistosos colores que seguramente eran los sobrantes de pinturas de las embarcaciones.