Ello atrajo
una población de orilleros, peones y matonaje que se alojaba en
las pulperías. En esta atmósfera, dicen, nació el tango, entre inquilinatos
y cafés. Fue bailado en el Armenonville de Libertador y Tagle en
1888, y luego también en el Palais de Glace.
La remodelación urbana de
la Recoleta se inicia
en 1830, con la construcción de la Av. Callao como camino de circunvalación
del perímetro urbano. Esta vía llegaba hasta la altura de Quintana
y, en sus inicios, se llamó Calle de las Tunas.
A raíz de las epidemias de cólera y fiebre amarilla, en 1871, las familias más ricas se desplazaron desde el sur hacia el norte, y no solo poblaron el área sino que empezaron a definir el estilo del barrio con la construcción de palacios y palacetes rodeados por extensos y vistosos jardines.

La consolidación definitiva del barrio fue obra del intendente Torcuato de Alvear, quien trazó en el año 1885 la avenida que lleva su apellido, arteria que muy pronto se vio inundada por suntuosos palacios.

Con la tierra de las excavaciones de Puerto Madero se rellenó la
parte baja, y se crearon plazas y parques que convirtieron a
la Recoleta en el barrio más elegante de la ciudad. Por
todo esto, hay quienes opinan que la Recoleta es una pieza extractada
de París, ya que se caracteriza por su estilo galo: grandes espacios
verdes, avenidas exclusivas, con bares y restaurantes de primera
categoría.
La Recoleta ofrece grandes espacios en donde se
desarrolla una gran actividad cultural. Los fines de semana, en
el corazón del barrio (Junín y Av. Quintana) se despliega una gran
feria artesanal. Todos los días se puede probar el típico mate argentino
o tomar un delicioso té en el jardín de invierno de LoiSuites Recoleta
(Vicente López 1955).

Es uno de los barrios con mayor vida nocturna de Buenos Aires. La variedad de restaurantes, pubs y night clubs se concentran sobre las calles que rodean al cementerio (Junín, Azcuénaga y Vicente López) detalle que le otorga otra característica especial al lugar.