
Creado alrededor del primer puerto de Buenos Aires, y convertido en poco tiempo en uno de los barrios más típicamente porteños,
San Telmo fue un espacio que se caracterizó por ser el lugar preferido por las familias aristocráticas, hasta que la epidemia de la fiebre amarilla, en 1871, los obligó a partir
hacia el norte de la ciudad.
Sin embargo, el barrio no tardó mucho tiempo en repoblarse. Sobre todo por la ola migratoria del siglo XIX, con la cual comenzó a cambiar notablemente la fisonomía de sus calles, hasta convertirse en un paseo obligado, donde hasta hoy se pueden apreciar las valiosas obras de arquitectura de tiempos anteriores.
Con el flujo migratorio,
San Telmo se llenó de
idiomas y hábitos "extraños". Los migrantes, dedicados generalmente a las actividades portuarias, ocuparon las casonas abandonadas por las familias adineradas y las subdividieron en espacios de uno y
dos cuartos que fueron asignados a diferentes familias.
Así nació el conventillo: un acontecimiento que también se repetiría en el barrio Monserrat.

El nombre del barrio
San Telmo proviene de un santo napolitano, protector de los navegantes y de los pescadores. Durante el siglo XIX, el barrio obtuvo su papel preponderante durante las invasiones inglesas en 1806 y 1807, y vivieron allí ilustres personajes
como los creadores de la escarapela nacional French y Beruti, y otros reconocidos pensadores liberales como Dorrego y de Luca.