Es la puerta de entrada a los valles de Paravachasca y Calamuchita y se encuentra a sólo 37 km de la capital provincial, sobre un amplio valle rodeado de sierras en forma de herradura y se diferencia de otras localidades por su rico caudal histórico.

La ciudad de Alta Gracia, fue cabecera de un importante asentamiento
aborigen y una de las más importantes estancias jesuíticas de la
provincia, como lo es la reliquia de la Estancia Jesuítica de Alta
Gracia.. Su memoria, junto con los tormentosos tiempos de la Revolución
de Mayo, se conserva en el museo del Virrey Liniers.
Estas tierras eran habitadas por los Comechingones, hasta la llegada de los conquistadores alrededor del año 1588. Se construye una estancia, luego de sucesivos dueños, la villa, a la que se le da el nombre de Alta Gracia.
Recorrer la ciudad nos permite apreciar un ambiente elegido por personalidades, en el encanto de las construcciones de las primeras décadas del siglo.
Alonso Nieto le dió el nombre de Altagracia, en honor a la patrona de Algarrovillas de Alconetar (España). Luego, con los Jesuítas, la villa toma gran impulso. La Iglesia se inicia en 1643, y desde 1659 la Morada de estudiantes, el Obraje, la Portada, la Ranchería, el Mirador, el Tajamar. El gobierno provincial crea el municipio en enero del 1900. En junio de 1940 Alta Gracia es declarada ciudad.
A comienzos del siglo XX, con la llegada del tren es muy visitada por familias Porteñas. Es esa la época de esplendor del Sierra Hotel importante edificio que en la actualidad todavía no a sido restaurado.
La ciudad es cruzada por el arroyo Alta Gracia y sus zonas playas son aptas para caminar por el cesped bajo la añosa arboleda, descansar, o hacer picnic.