|
Sobre ellas está la claridad del cielo, y en el entorno, la selva, verde e intensa. Lugar turístico por excelencia, fue avistado por primera vez en el año 1542, cuando Alvar Núñez Cabeza de Vaca realizaba una travesía desde el océano Atlántico hasta Asunción del Paraguay. El conquistador, al divisar las sorprendentes caídas de agua, las bautizó como "Saltos de Santa María", nombre que con el tiempo fue reemplazado por su primitiva denominación guaraní: "Iguazú "(I: agua; Guazú: grande), es decir, "aguas grandes". En aquella época, la región era habitada por indígenas de la etnia Mbyá-Guaraní, quienes alrededor de 1609 empezaron a vivir el proceso evangelizador protagonizado por los sacerdotes de la Compañía de Jesús, que desarrollaron una experiencia única en Latinoamérica: la conformación de un sistema reduccional que llegó a contar con 30 pueblos distribuidos en las regiones del Tapé y el Guayrá (actualmente sur de Brasil y Paraguay), toda la provincia argentina de Misiones, y parte del norte de Corrientes.
Por diferencias políticas y económicas con la Corona de España, los jesuitas fueron expulsados de la región en 1768. La zona de las cataratas pasó entonces al olvido, hasta agosto de 1901, cuando el explorador Jordan Hummell organiza la primera excursión turística a la zona. Entre aquellos viajeros destacó Victoria Aguirre, quien ante el fracaso de la excursión por falta de caminos, donó una importante suma de dinero para abrir la ruta por tierra entre Puerto Iguazú y las cataratas.
La fecha marca el inicio de la actividad turística hacia el Iguazú, y ha sido reivindicada por la comunidad como el día de su fundación, en homenaje a Victoria Aguirre, quien luego se transformó en una suerte de protectora e impulsora del crecimiento del turismo y de la población.
Hasta aquí la historia oficial. Detrás, y en el medio, queda la lucha permanente, desde los pioneros hasta los actuales pobladores, para crecer y proyectar al mundo uno de los principales atractivos turísticos del planeta.
|