JUJUY
SANTA CATALINA
A 67 kilómetros al oeste de La Quiaca, sobre una llanura elevada con cordones montañosos periféricos, y otros de menos altura en el centro, el atento viajero puede encontrar un pintoresco pueblo de tradición eminentemente minera, donde los añejos yacimientos auríferos aún conservan en su río la posibilidad de tentar, con lógica ansiedad, el hallazgo, mediante un cedazo, de una pepita de oro.
Santa Catalina es uno de los pueblos mineros de la Puna Jujeña que se originó en el siglo XVII y que llegó a tener gran importancia. En el año 1756 fue erigido en curato independiente del de Cochinoca, e incorporó las capillas de Rinconada y Talna.
Al igual que de los demás pueblos de la Puna, la primera mitad del siglo XIX le resultó desventajosa. En 1859, no obstante, en una visita pastoral se describe la iglesia de la villa como grande y cómoda, con sus tres viejos y buenos altares.
En la época, la producción minera hizo de Santa Catalina un lugar de trato comercial muy importante. Tanto así, que un viejo miembro del Instituto Geográfico de Córdoba dijo que en aquella remota villa siempre había hombres de negocios y se podía comprar hasta la más rica cerveza alemana.
Sus calles son empedradas y su antigua Iglesia data del siglo XVII y se sitúa frente a la plaza principal, al lado de la vieja casona de la familia Saravia, con la cual, forma un conjunto de interés arquitectónico.
La torre, de tres pisos en forma telescópica, tiene el mismo ancho que la iglesia (diez metros) y está construida por encima de la puerta. Por su parte, el atrio está contenido en la torre, seguida de una nave larga de 30 metros, cuyos antiguos altares se reemplazaron por otros nuevos.
En Santa catalina el clima es frío, seco y con algunas precipitaciones en verano. La flora y la fauna son escasas. En el Jardín Botánico de Altura, parque botánico regional, se encuentran algunos ejemplos de las más variadas especies de plantas de altura.
También se destacan la cría de llamas, ovejas y cabras. Se cultivan duraznos, manzanas y ciruelas. En el río aledaño se puede pescar truchas.
Es necesario que el viajero sepa que en Santa Catalina no hay lugares para comer ni alojamiento posible, salvo en el albergue municipal, que ofrece comodidades mínimas.
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