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Y como parte de la historia que llega hasta nuestros días, palpable a través de los edificios, están las iglesias, símbolos de una fuerte presencia religiosa que se fue consolidando con el paso del tiempo. Pero por encima del rico acervo material, nativos y visitantes no pueden sustraerse ante el fenómeno de fe popular que motivan, sin distinción de ningún tipo, el Señor y la Virgen del Milagro, los patronos espirituales de esta provincia.
El viajero debe saber que en Salta existe una marcada tradición por las celebraciones religiosas, sobre todo, en el mes de septiembre. También alcanza colorido, y cobra excepcional brillo, la conmemoración de la Semana de Salta, desde el 13 al 20 de junio.
En el siglo XX Salta aceleró su desarrollo y duplicó su población, especialmente entre los períodos de 1914-1947, y 1947-1960. Hacia la década del treinta aparecen los primeros barrios o extensiones urbanas y se inicia la ocupación residencial de la falda del cerro San Bernardo, junto a la difusión del estilo arquitectónico neocolonial.
A partir de 1960 la tendencia hacia la periferia fue explosiva e incluyó la construcción de un nuevo Centro Cívico en las Lomas de Medeiros, hacia finales de los años ochenta.
De este modo, los elementos de modernidad que se han agregado a la antigua ciudad le ha impuesto otro ritmo. En ella, hay un despliegue de intensa actividad ciudadana que estimula y satisface el turismo.
En esta capital abundan las peñas folclóricas, en las que se ejecuta y se baila música tradicional, y donde se pueden consumir platos y vinos regionales. Existen muchos establecimientos en los cuales se venden artesanías, y entre las que destacan las piezas de platería, las de cerámica y los tejidos.
La ciudad cuenta con un terminal aéreo de donde parten y llegan vuelos diarios a Buenos Aires, San Salvador de Jujuy, Bolivia y Tucumán. También cuenta con una red de carreteras que la comunican con casi todas las ciudades importantes de la República.
Su calidez y tranquilidad, y las bondades de su clima templado, moldean las más variadas actividades: el paseo histórico por sus casonas, templos y museos, la degustación de manjares típicos, o el disfrute de sus alrededores, donde la naturaleza ya comienza a deslumbrar, o el esparcimiento nocturno en sus prestigiosas peñas folclóricas o modernas discotecas.
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