Esta ciudad indígena albergaba a casi 4,000 habitantes. Fue construida en el Cerro Alto del Rey. Aprovechando las naturales crestas montañosas, se construyeron además dos fortalezas. En las faldas se observan unidades habitacionales, y hacia el sur, una gran represa que era empleada para regadío y canchones aterrazados para el cultivo.
Es conocido el triste destino de sus pobladores, quienes originariamente provenían de otras zonas. Se establecieron allí al encontrar esta ciudad en ruinas, hasta la llegada de los españoles. Con la rebelión Calchaquí, encabezada por el falso inca Pedro Bohorquez, los nativos de Quilmes fueron desterrados, a pie y en condiciones extremas, lo que produjo gran mortandad de sus miembros, hasta la localidad de Quilmes en Buenos Aires, como hoy se la conoce.
RUINAS DE EL CHURCAL
Ubicado en el Alto Valle Calchaquí, entre las localidades de Seclantás y Molinos, a unos 180 kilómetros de Salta, por Cuesta del Obispo, y a ocho kilómetros de Molinos, y a 1,800 msnm.
Las ruinas se encuentran a unos 100 metros de desnivel con respecto al Río Calchaquí. Cronológicamente se hallan entre 1,100 y 1,300 DC.
Las investigaciones estuvieron a cargo de la Universidad Nacional de la Plata. Fueron clasificados 530 recintos, entre los que destacan urnas de infantes, montículos artificiales que cumplían doble funcionalidad: depósitos de basura y sitios funerarios por debajo.
Los deshechos hallados indican que sus antiguos pobladores eran alfareros (horizonte Santa María y Churcal), además de dedicarse a la confección de textiles, maderas, cestería, y cordelería.
RUINAS DE INCAHUASI
De lo que fue la "Casa del Inca", o Incahuasi, hoy sólo quedan vestigios. En el año 1890 fueron estudiados por Burmeister. Un aposento de pequeñas dimensiones constituye el único resto arqueológico de segura filiación incaica. Hay otros recintos rectangulares, hastiales, nichos y remanentes de la red víal.
Son notables el "Sillón del Inca", un asiento adosado a uno de los recintos, y una hornacina de forma trapezoidal, en la que se utilizó piedra canteada y se aplicó la técnica del revoque. El techo estaba confeccionado con madera que no era de la zona, con barro, paja y lajas.
Cruzando el Río Incamayo se encuentra el mirador, estratégicamente ubicado y mágicamente conservado. Es de barro, con piso de laja, en donde entra una persona agachada.
Para arribar a estas ruinas se parte de Salta por la Ruta Nacional Nº 51 hasta la localidad de
Ingeniero Maury, a 61 kilómetros de distancia. De allí se asciende una empinada senda hasta el Abra del Gólgota, sorteando un desnivel de 1,000 metros, para luego, descender hasta el paraje mencionado por una senda entre montañas que presentan gran variedad de fósiles.
También se puede seguir el camino incaico viniendo desde Pascha.
OTRAS RUINAS O LUGARES ARQUEOLÓGICOS:
La Paya, en el Valle Calchaquí, cerca de la localidad de Cachí.
Las Pailas: cerca de Cachí. La mayoría de las piezas arqueológicas de este yacimiento están en el museo de la localidad.
Fuerte de Tacuil: a la entrada de Molinos.
Graneros de la Poma: silos indígenas en la montaña.
Titiconte: cerca de Iruya. Construcciones semisubterráneas debido a las inclemencias climáticas.
ARTE RUPESTRE
En territorio salteño abundan las manifestaciones expresadas a través de petroglifos y de pinturas rupestres:
Los petroglifos son piedras grabadas con la técnica del punteado y del raspado. Se han encontrado representaciones de caza, animales, figuras geométricas y antropomorfas. También se hallan las extrañas "piedras paradas", algunas con grabados (como las de Tafí del Valle, en el Parque los Mehires) en zonas altas, generalmente en Abras (paso alto en la montaña que divide dos zonas). Se encuentran campos de petrofligos en las proximidades de Santa Rosa de Tastil, San Bernardo de las Zorras, Cafayate, Alto Valle Calchaquí.
Las pinturas rupestres, realizadas con materiales del lugar, minerales u orgánicos, se hallan generalmente sobre aleros de areniscas. Los colores que predominan son el blanco, ocre, rojo y negro en hombres, escudos, llamas y suris. Se pueden observar pinturas en:
- Las Juntas, a 140 kilómetros de Salta, por la Ruta Nacional Nº 68 hasta La Viña; luego, la localidad de Guachipas y Las Cuestas del Cebilar y del Lajar.
- Ablomé, a 70 kilómetros por la Ruta Nacional Nº 68 hasta Coronel Moldes, entrando al Dique de Cabra Corral, desde allí en catamarán hasta las mismas.
- Valle Encantado (con guía para encontrarlas), Brealitos, La Poma.
HUELLAS DE DINOSAURIOS
Los últimos dinosaurios vivieron en el norte de la Argentina y dejaron su mensaje. Sus huellas "hablan" para los curiosos de hoy. El experto internacional en huellas de dinosaurios, doctor Ricardo Alonso, participó en 1990 de la expedición fotográfica de la National Geographic Society para fotografiar las huellas de estos animales prehistóricos que existen en el Valle del Tonco, en Salta.
Alonso afirma que hace 65 millones de años, a fines de la era Mezozoica-Periodo Cretácico, antes que se formen los Andes, en la zona que actualmente ocupa la Cuesta del Obispo, a 160 kilómetros de Salta, había un hermoso paisaje de bosques subtropicales a orillas de un mar.
Los dinosaurios venían de las tierras continentales que estaban hacia el oeste, en dirección hacia lo que hoy es la Puna. Los que dejaron sus huellas marcadas en la arena de la playa fueron de los últimos dinosaurios que vivieron en el mundo. De pronto, fueron víctimas de una gran extinción que no se sabe bien qué fue.
Las huellas fueron cubiertas y rellenadas con arena caliza arrastrada por una tormenta huracanada. Con el tiempo, se fosilizaron. Después de 50 ó 60 millones de años, cuando los movimientos geológicos formaron los Andes, la playa se convirtió en pared y los ríos la cortaron; el agua y los vientos dejaron luego las huellas al descubierto, tal como se ven hoy.
El joven geólogo contextualiza el ambiente en el que vivieron los dinosaurios. Todo indica (para la época) un clima cálido, húmedo, con mar de aguas azules, limpias, agitadas por un oleaje que quedó perfectamente marcado en la playa. Un sistema de buena y rica biología. Las arenas eran blancas, calcáreas, como ahora son las de las Bahamas.
Las huellas fueron descubiertas por Mario Raskovsky, geólogo de la Comisión Nacional de Energía Atómica, miembro de una expedición que buscaba uranio en el Valle del Tonco. Hoy, el sitio se llama "Quebrada de la Escalera", porque hubo que colocar escaleras de cables de acero y madera para que los mineros pudieran acceder. Es tan elevado y tan vertical que muchos de los que suben sufren ataques de aerofobia, vértigo y otros similares.
Estas huellas informan que se trataba de bípedos que no arrastraban la cola sino que caminaban bien erguidos, muy verticales. Esta es una de las pruebas de que eran animales de sangre caliente, bastante evolucionados.
Últimamente hay una importante afluencia de visitantes; incluso, hay agencias de turismo aventura que organizan excursiones, aunque el sitio no es de fácil acceso.