
Sobre un promontorio en el valle del río homónimo, y dormido en el tiempo, el pintoresco pueblito de Iruya es una postal de ensueño.
A 307 kilómetros de Salta, a 2,780 msnm, muy cerca de la Provincia de Jujuy, Iruya se encuentra custodiada por cordones montañosos que parecen resguardar a los visitantes del fragor de las grandes ciudades, y en donde, sin duda, el silencio de la montaña sobrecoge el espíritu.
En quechua, su nombre viene a significar algo así como "Paja brava" o "Lugar de los pastos altos". Iruya fue un pueblo de tránsito, pues allí descansaban las caravanas y arrias que llevaban mercancías de la Puna al valle del Río San Francisco, o viceversa.
Su iglesia, sus casas de adobe, sus estrechas y empinadas callecitas de piedra, hablan de las formas típicas de la vida de su gente, que conservan arraigadas sus más ancestrales costumbres, puestas de manifiesto en sus distintas festividades y rituales.

Iruya invita al descanso y a la meditación, pero también al asombro a través de cabalgatas y caminatas. Al pie de Iruya, en el lecho de su río, se origina el comercio de trueque establecido entre sus pobladores, los habitantes de la Alta Puna y localidades aledañas.
No se conoce su fecha de fundación exacta, aunque algunas fuentes se remontan a 1741. Son muy interesantes las terrazas de cultivos en las inmediaciones del pueblo. A una distancia de nueve kilómetros, por desfiladeros peligrosos y serranías de pendientes abruptas, se encuentra el pueblo precolombino de Titiconte.
Festividades
El primer domingo de octubre se celebra la fiesta de Nuestra Señora del Rosario, patrona local, ocasión en que se muestran las danzas rituales de los Cachís; además, en las afueras de Iruya se reúnen cientos de peregrinos, penitentes y mercaderes que ofrecen en venta sus productos en polícroma festividad.
Cientos de lugareños movidos por su fe participan de los actos religiosos. Cantan, rezan y ejecutan instrumentos autóctonos (quenas, cajas y sikus). Acompañan la música con el baile típico de los "cachís", un grupo de pobladores disfrazados con máscaras, cuya danza simboliza la eterna lucha entre el bien y el mal.
Acceso
Para llegar desde la Ciudad de Salta se sale por la Ruta Nacional Nº 34 y se continúa por la Ruta Nacional Nº 50. Hay que transitar desde Humahuaca (Jujuy) unos 20 kilómetros, girar a la derecha, donde comienza un camino de tierra que conduce a Iturbe (Jujuy) y luego vuelve a transitar por suelo salteño hasta llegar al "pueblo colgado del cielo".