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Y así como se convierte en lugar de transición hacia un conjunto diverso de localidades, es también un espacio de transición entre diferentes paisajes, culturas regionales, y modos de ser y vivir argentinos.
Una primera impresión puede engañar los sentidos del viajero, pero si éste se da un tiempo para saborear cada uno de sus rincones, descubrirá una intimidad deliciosamente provinciana, con un entorno de húmedos huertos y aromáticos frutales.
Las transformaciones importantes se dieron en el último tercio del siglo XIX, con la presencia del ferrocarril y los inmigrantes. Con ellas la ciudad incorporó la catedral, dos colegios que han hecho historia, y numerosos comercios y viviendas de estilo italiano.
La ciudad cuenta con hoteles, restaurantes, balneario, y servicios básicos para el viajero.
El viajero puede iniciar su recorrido peatonal en Plaza Pringles, un paseo de añosas arboledas cuyo nombre recuerda al héroe sanluisiano de la gesta libertadora.
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