Revista LUGARES Nro. 90
Pág. 22 - 28
Por: Archivo Lugares
Fotos: Alejandro Peral y Soledad Gil
REVISTA LUGARES
BUENOS AIRES, LA CIUDAD PRESENTE
Desde que Pedro de Mendoza plantó los primeros caseríos en 1536 y Juan de Garay se empeñó en refundarla 44 años más tarde, la ciudad ha forjando su ecléctica personalidad al ritmo de los múltiples vaivenes históricos, los mismos que nos definieron como argentinos.
Las huellas de semejante proceso pueden rastrearse en los distintos barrios porteños, un puzzle donde convergen la tradición española de la conquista y las aspiraciones neoclásicas de fines del siglo XIX. Después están la herencia del inmigrante europeo y su problemática de desarraigo. Más cerca de nuestros días, algunos perfiles urbanos exhiben los cambios que produjeron los últimos años del siglo XX. Todo eso es Buenos Aires.
Aquellos que no la conocen quedarán verdaderamente sorprendidos, y los que la visitan por una y otra vez saben que en cada viaje hay una chance para redescubrirla. Buenos Aires es una urbe grandiosa, donde la vida cultural se desarrolla, casi, casi, al ritmo de las grandes capitales del mundo.
Multifacética, misteriosa, por momentos engreída y áspera, pero siempre cautivante, la ciudad tiene la cualidad de lo extenso. Resulta imposible conocerla de una vez; hay que tomarse el tiempo y recorrerla de a poco siguiendo algunos senderos prefijados, o bien inventarse uno nuevo. Elija el camino que elija, la Reina del Plata exige una mirada atenta que trepe sobre la línea del horizonte para no perderse la belleza arquitectónica de las cúpulas, los techos y las fachadas citadinas de decidida influencia europea.
El centro histórico se desarrolla alrededor de Plaza de Mayo, punto bisagra desde el que uno puede moverse hacia el norte y hacia el sur, incluyendo altos en la Catedral metropolitana, la Casa Rosada y el Cabildo. La vida de la City se ha reducido paulatinamente al horario diurno, con sus calles atestadas de oficinistas y porteños vinculados a la actividad bancaria y financiera.
El centro sigue siendo el área de dominio de la actividad teatral, allí se pueden ver espectáculos de calidad para todos los gustos. La cartelera del teatro General San Martín y la del Colón son un privilegio para los visitantes, pero el resto de los escenarios no se queda atrás.
Desde el Congreso, camine hacia el río por la avenida de Mayo para descubrir la primera transformación de la Gran Aldea en una urbe con aspiraciones de capital europea. Hay fachadas impresionantes, edificios dignos de la vieja opulencia que aún conservan su belleza original. Un patrimonio que debemos preservar. La parada en El Tortoni, aunque un tanto decaído, es inevitable, porque aún con toda su melancolía a cuestas, invita a entrar. El café es de filtro, pero puede aprovechar para averiguar el calendario de espectáculos de jazz y tango que algunas noches se organizan en el subsuelo.
En la calle Bolívar, muy cerca de Plaza de Mayo, está la Manzana de las Luces, sede de la primera Universidad de Buenos Aires, donde se pueden visitar los antiguos túneles defensivos del siglo XVIII y la iglesia de San Ignacio.
Puerto Madero, junto al río, funciona desde hace unos años como una alternativa urbana con respiración propia. Los antiguos docks remodelados albergan hoy un buen número de restaurantes, generalmente de precio elevado y algunos agradables cafés. En la margen oriental del canal, el restaurante Asia de Cuba, aprovecha la hora de la tarde para armar una suerte de living en la terracita que propone disfrutar del sol en los coloridos sofás y observar con sana envidia los veleros que parten rumbo al Río de la Plata.
Visitar la Fragata Sarmiento es un lindo paseo para hacer con los chicos. El antiguo barco de la Armada Argentina está siempre anclada frente al Dique 3; desde allí se puede admirar también la inconfundible figura del puente Calatrava, una estética que los viajeros ya reconocen en puentes de idéntica paternidad en la Madre Patria.
San Telmo, hacia el sur, tiene el atractivo de la feria de antigüedades que religiosamente se instala los domingos en la Plaza Dorrego. Ya no se encuentran las "joyitas" de antaño, pero es un paseo pintoresco si lo combina con un recorrido por los locales de los alrededores para seguir la ruta de los anticuarios y las artesanías argentinas. Bailarines de tango, mimos y cantantes son personajes frecuentes en las calles de este barrio.
La Boca es el sur sur de la capital. Nadie puede esquivar la colorida recorrida por Caminito, repleto de postales de Quinquela Martín y después darse una vuelta por PROA, donde casi siempre es posible encontrar una muestra interesante. Por la noche, la cita es en el Galpón de Catalinas. Allí, un grupo de vecinos que hoy son verdaderos profesionales, lo sorprenderá con una original obra que combina la murga con técnicas teatrales.
De la Plaza de Mayo hacia el norte, la travesía urbana conduce a la zona de Retiro, que se extiende alrededor de la Plaza San Martín. Enfrente, hacia la estación de ferrocarril, la Torre de los Ingleses con el reloj que recuerda al Big Ben londinense. A unos pasos, el Kavanagh, que supo ser el primer rascacielo en hormigón armado construido en Latinoamérica. A un flanco de la plaza, la soberbia fachada del Círculo Militar y del Palacio San Martín, que fueron residencia de familias patricias de la época.
La Recoleta es casi una fantasía parisina en el cogollito porteño. La zona se hizo grande gracias al ímpetu modernizador de la década del "80. El primer hito es la embajada de Francia en la intersección de Cerrito y Arroyo, un palacete de estilo neoborbónico que originalmente perteneció a los Ortiz Basualdo. A partir de allí hay que abrir bien los ojos, porque sería un pecado perderse los maravillosos edificios de la zona, especialmente los que dan a la avenida Alvear.
Justo antes de llegar a Plaza Francia, se impone el merecido alto para un cafecito en La Biela, o en su "competidor" Café de la Paix, en la otra esquina, ambas paradas híper tradicionales, con una vista increíble hacia la iglesia del Pilar. Después no dude en partir hacia el Museo Nacional de Bellas Artes: su colección permanente es increíble y exige una recorrida exhaustiva. AI final de la tarde vuelva sobre sus pasos y camine por la avenida Alvear para encontrarse con las tiendas más exclusivas de la ciudad. Palermo Viejo y Palermo Hollywood se reparten la movida vanguardista.
Bares y restaurantes con ambiente y buena cocina abundan en sus calles y son el punto de encuentro para una salida gourmet.
Muchos jóvenes diseñadores eligieron la zona para abrir sus propios locales. Otros se sumaron a una interesante movida para mostrar sus colecciones de indumentaria, decoración o accesorios en los diferentes bares de esta renacida zona, tan literaria en la memoria borgiana. La cita es los sábados y domingos, cuando se puede curiosear a gusto y conseguir genuinas creaciones a un precio razonable.