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Revista LUGARES Nro. 45
Pág. 44 - 50
Por: Soledad Gil
REVISTA LUGARES
DE MENDOZA A TUPUNGATO
Mendoza hierve durante la cosecha. De enero a marzo, el ruido seco de las tijeras que cortan racimo por racimo es "el" sonido que impera en los viñedos. Le sigue el "clin" de la moneda que los supervisores tiran en los cajones de metal de los cosechadores, cuando llegan a volcar su botín de 20 kilos de uva al pie del camión. La mayoría son bolivianos que hacen el circuito golondrina de la uva, el azúcar y el trigo desde hace varias temporadas.. Cada "clin" cotiza a $0,50 y un buen cosechador alcanza los 40 cajones por día. Trabajan los grandes pero los chicos ayudan y el supervisor pasa con una vara larga, señalando los racimos que quedan olvidados en la faena.
Desde Buenos Aires volamos a Mendoza, punto de partida de toda ruta del vino que se precie. La primera escala fue en Norton. La bodega fundada por Edmund J.P Norton en 1895 vive un nuevo ciclo desde que fue adquirida por los Swarovski a comienzos de los `90. Nuevos tanques de acero para la fermentación, riego por goteo y más fincas -que suman 575 hectáreas entre las de Perdriel, Agrelo, Alto Agrelo, Lunlunta y Medrano- son algunas de las novedades que acompañan a las flamantes líneas de varietales Privada (para exportación) y Reserva.
Nuevas etiquetas para viejas y buenas marcas son parte de la sana filosofía de la empresa, cuya producción ronda los seis millones de litros por año. En esa sabia combinación de savoir faire, tradición y tecnología, fue que nació con motivo del centésimo aniversario el Perdriel del Centenario, un vino que vale un siglo de elogios. Yo no sé si es la madera, las ciruelas, las almendras, el tabaco, la vainilla o cuál de todas esas cosas de las que sólo hablan los que saben, pero juro que tiene otro gusto. No me animaría a decir a qué (además de a vino) pero está claro que tiene un color extraordinario y un paladar delicioso. Por su corte tan original y su precio -que bien podría ser mucho mayor- merece cl brindis de las ocasiones especiales.
En Charuion se nos cayeron las medias. Los camiones en la ruta hacían fila larga, y las pilas de cajones naranjas se veían desde lejos. La visita está muy bien organizada, incluye un video, un recorrido pormenorizado por los nuevos edificios donde están los tanques, las barricas y finalmente, un shop excelente que vende no sólo vino, sino útiles tapones y baldes para champagne, sacacorchos, bolsos y remeras. Las cifras de Chandon son casi escalofriantes. Hacen 24 millones de litros de vino por año, de los cuales el 60% se dedica a champagne. No hace falta decir que son los líderes del mercado con globitos: sus marcas Chandon y Baron B venden el 55% del champagne que se toma en la Argentina.
Nacieron como champañera, apenas cuatro años después de que Robert Jean de Vogüé, presidente de Moet & Chandon visitó la Argentina en 1955 y descubrió que Agrelo era un lugar privilegiado por su suelo pedregoso, con días soleados y noches frescas. Así, la mendocina fue la primera sucursal fuera de Francia de la empresa que hoy tiene bodegas en California, Australia, España y Brasil. La primera botella de Chandon salió al mercado en el `60 y pasaron más de diez años hasta que nació el otro hijo dilecto de la casa, el tinto Comte de Valmont. El año pasado dejó de estar solo: salió su par blanco, un genérico bienvenido en la tan saludable moda de los varietales. Paso a explicar: malbec, merlot, cabernet, semillón, etcétera no son marcas, sino cepajes, tipos de uva. Hechos de cualquiera de estas uvas al 100% -o hasta el 85%- son vinos varietales.
Dicen los que saben que la uva malbec se está dando muy bien en la Argentina, como a la syrah le va de maravillas en Australia... Es casi como el descubrimiento de la pólvora. Las uvas estuvieron desde siempre. Sólo que antes estaban sin que uno lo supiera. Los vinos eran marcas, nombres de fantasía, genéricos a los que uno adhería o rechazaba porque sí. La moda de los varietales, además de profesionalizar porque obligó a renovar y sobre todo, aclaró más el panorama. Nadie -por suerte- podrá privarnos nunca del "perché mi piace" pero al menos, uno ahora sabe más qué esperar a partir de las diferencias. Por supuesto que hay merlots y merlots, como hay mil tipos de aceites de oliva, pero no es lo mismo uva, girasol, maíz u oliva, salvando las distancias del ejemplo.
En Chandon, como es esperable, lo más divertido es enterarse de cómo hacen el champagne. Al vino blanco base le agregan azúcar y levaduras que transforman ese azúcar en alcohol y liberan gas carbónico en el proceso. Luego se añade un "licor" hecho del mismo vino y azúcar que determinará el tipo de espumante. Si tiene hasta 24 gramos por litro será un demisec, con hasta 12 un extra brut, y será brut nature si no tiene azúcar. Por el que más le guste, ¡salud!
Cuando nos preguntábamos cómo era que se hacía vino sin prensas neumáticas y tanques de hectolitros, llegamos a Fabre-Montmayou, en Vistalba. Pertenecen a la nueva generación de bodegas artesanales. Llegaron de Bordeaux en 1992, impulsados por el espíritu del francés Hervé Joyaux Fabre que buscó incansablemente en Chile "el" lugar, y lo encontró sólo de este lado de la cordillera, en los viñedos plantados en 1908, con la cordillera de fondo de Vistalba, al sur de Chacras de Coria. El lugar es espectacular, y los bordes de las parcelas están plantados con rosales como en Francia, una costumbre sumamente pintoresca, que tiene además una razón práctica: las rosas revelan antes que los viñedos los síntomas de la filoxera, temible enfermedad que puede acabar con la vid completa.
Fabre tiene 80 hectáreas propias, no compra uva a terceros y tampoco ha plantado todavía. Están orgullosísimos de sus viñedos de malbec con un promedio de 50 años, cuyos resultados no hacen más que darles satisfacciones.
La producción ronda el medio millón de botellas por año. No es poco cuando se comprueba que en el proceso hay todavía una gran participación de la mano del hombre: a la cosecha y el etiquetado manual hay que sumar la forma en que clarifican el vino (lo limpian de impurezas). Resulta que puede hacerse por medios químicos, por filtrado, o con métodos más caseros que incluyen la sangre de buey y la clara de huevo. En Fabre usan clara de huevo a razón de seis por barrica de roble, lo cual da -en 200 barricas- la friolera de 1.200 claras de huevo e ídem cantidad de yemas que reparten entre los vecinos. Los flanes que comerán en Vistalba cuando clarifican en Fabre...
Antes de volver pasamos por La Anita en Alto Agrelo. Se visita sólo con entrevista concertada anteriormente, como para mantener la exclusividad que rige para todo en la finca: uvas, vinos y distribución (las marcas La Anita y Luna se consiguen sólo en vinotecas y restaurantes). Nos recibió Manuel Mas, de impecable pantalón blanco y ritmo acelerado, acorde con los tiempos de cosecha. En la cámara en la que enfrían la uva antes de prensarla nos explicó que elaboran su media de 80 mil botellas anuales con el mejor 30% obtenido, y venden el resto a otras bodegas. Antonio Mas, el hermano de Manuel, es ingeniero agrónomo y está a cargo de la producción: entre los blancos, sus mimados son un semillón y un original toca¡ friulano que pronto compartirán cartel con un chardonnay que cursa su primer año. Entre los tintos con etiqueta La Anita hay un malbec y un syrah, que están exportándose a Suiza, Alemania, Austria, Inglaterra y Canadá.
Volvimos a la ruta l5, con su sombra añosa, rumbo a Tupungato. El pueblo tiene el mismo nombre que el cerro, el segundo más alto después del Aconcagua. Escalarlo es totalmente desaconsejable para amateurs. Los viajeros todo terreno tenemos una alternativa excelente: las cabalgatas de Don Rómulo Nieto, que van de una hora a varios días, incluso hasta la base del cerro (ver LUGARES 44). En plan contemplación y paseo, nada mejor que Tupungato. No sólo por las bodegas, que no están abiertas al público, sino por su geografía generosa, la simpatía de su gente y su paisaje imbatible. Tanto, que hasta los directivos de Disney se enteraron y están en etapa cimientos de una bodega con bed & breakfast cuyo éxito está garantizado, por lo menos en lo que respecta a emplazamiento. Mietras tanto, para hacer base en la zona hay dos opciones, ambas con muy buenas cabalgatas. La estancia San Pablo, en el casco de una hacienda al pie de la cordillera y, a partir de la primavera, el paquetísimo Chateau d'Ancon.
Como verá, motivos para alzar la copa sobran. Si la si ya está vacía, vuelva a llenarla. Y si no era de vino, espero haberlo convencido.
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