Revista LUGARES Nro. 38
Pág. 96 - 99
Por: Soledad Gil
Fotos: Federico Quintana
REVISTA LUGARES
EL MANANTIAL

Llegamos de noche, guiándonos por las flechas que indican el camino al pasar La Silleta, a 25 km de Salta, en el auto de López Fleming que nos esperaba en el aeropuerto. Nuestro primer contacto humano fue con Francisco Lemos, un veinteañero ultrarrubio que apenas nos vio se declaró aliviado de que fuéramos compatriotas hispanoparlantes, porque domina el inglés pero lo agota. Ahí nomás se despachó con la historia de la finca, mientras en la larga mesa de algarrobo humeaba un suculento locro acompañado por vino salteño de ley, un cabernet de Michel Torino. No había pasado media hora sin que sintiéramos que hacía tiempo que habíamos llegado. Los efectos de un buen locro pueden ser insospechables.

Dimos cuenta de él con parsimoniosas cucharadas. O esa fue la impresión del "efecto Noroeste": amainamos el ritmo de inmediato, nos dejamos invadir por la sabia lentitud que de paso, hace todo mucho más rico. A la hora del típico turrón de merengue y miel, ya sabíamos que El Manantial era el sueño de Alice, concretado hace más de 20 años como casa de fin de semana, y reconvertido en finca turística hace cinco, cuando los ocho hijos empezaron a crecer más que los lapachos. Desde entonces, es lugar de reunión obligado de la muchedumbre familiar durante diciembre y enero, al cerrarse las puertas al público para recibirlos sólo a ellos. Pero el asado de cerdo en la finca es un clásico sagrado de todos los domingos. Y bienvenido por los huéspedes.
Todo empezó cuando un amigo le preguntó a Alice si no se animaba a recibir unos franceses que sólo esperaban un trato cordial en ambiente de estancia norteña, buenas camas y abundante agua caliente. No hace falta mucho para adivinar que la respuesta fue afirmativa, ya que está a la vista que en su casa sobra todo eso. Y ella se anima. Tanto que sueña con la cadena "El Manantial", cuyo segundo eslabón será una finca en Purmamarca. Ya compró el terreno y piensa comenzar la construcción del hostal el año próximo, una vez que haya concluido con la obra de ampliación de este Manantial, que consiste en cuatro habitaciones más, con lo que obtendrá un total de diez. Pero eso no es todo. Los Lemos son también parte fundamental de Aturs, la flamante asociación que nuclea su finca junto con Arnaga, El Bordo de las Lanzas, San Antonio, Los Los, Eaton Place y el Hostal Provincial de Molinos en un intento por promover el turismo en estancias de la zona.

El entusiasmo es ancho y para nada - ajeno. Se extiende y llega hasta el pueblito jujeño de los siete colores, adonde pronto nacerá El Manantial del Silencio, hermano de éste, que en verdad se llama El Manantial de Nuestra Señora del Milagro. Los nombres no son casuales. La riqueza espiritual de Alice es uno de los ingredientes más apreciados por los visitantes que se encaraman en charlas infinitas alrededor de un mate o una taza de té, según se trate de criollos o serenos ingleses. Para todos, ella tiene el tiempo que hace falta. Y para controlar que los scons estén tibios y las habitaciones calientes.
Además, lleva a sus huéspedes hasta Campo Quijano para que se "ahorren" una horita del Tren a las Nubes, y los va a buscar por la noche, cuando llegan agotados y lo único que quieren es la merecida cena, para luego perderse en los pliegues de las sábanas. Organiza cabalgatas por el bosque de pinos y eucaliptos, acompaña a los niños a jugar con terneros y cerditos, camina hasta allá arriba donde vive Sarapura, habitante original de esas tierras, y adonde bajan las nubes a humedecer sus 85 años y conocer a alguno de sus 30 hijos.
En plan más calmo, ofrece la visita a la ermita y el molino de tiempos jesuíticos que todavía funciona a agua, haciendo girar la misma piedra. Allí hay un refugio, que los Lemos ceden gentilmente a quienes llegan con intención de pintar, reflexionar y retirarse aún más del mundanal ruido.

Por la tarde, el programa consiste en sentarse en la galería a contemplar el rojo nacional del ceibo sobre la corteza rugosa de los algarrobos en el jardín diseñado por Carlos Thays, mientras Pedro y Pablo curten falsa indeferencia: pavonean su cola real a la espera de un bienaventurado trozo de pan y no manifiestan signos de su irresoluto conflicto de identidad. Son pavos reales gemelos que intercambian sus nombres, sólo que ni ellos saben cuál es cuál.
Luego, Alice desciende a las entrañas de la casa -la bodega- e invita con un vino local y queso fresco vespertino. Los cerros se pintan de negro y hacen como que se van. Pero se despiertan con uno a la mañana siguiente, renovados y en todo su esplendor, listos para salir al ruedo y comenzar un nuevo día.
Finca El Manantial, en el camino hacia Campo Quijano, en la localidad de La Silleta, a 25 km de la ciudad de Salta. Telefax: (087) 395506. Habitación doble $130 por persona, con pensión completa y caballos; alojamiento con desayuno americano, $80 por persona. Cerrado desde el 15 de diciembre hasta el 1ro de febrero.