Revista LUGARES Nro. 97
Pág. 78 - 81
Por: Archivo Lugares
Fotos: Astrid Sanguinetti
REVISTA LUGARES
EL SAUCE LA PAZ ENTRE RIOS
Sólo 25 km la separan de La Paz, tranquila ciudad con pulso de pueblo que se define al noroeste de la provincia entrerriana. Además de ser un productivo establecimiento agrícola-ganadero, ésta es una de las estancias turísticas más conocidas de la zona. Su ubicación es inmejorable, y su historia, ligada a ciertos acontecimientos patrios, no tiene desperdicio.
El Sauce está en manos de la familia Mutti. Cuenta con suficientes habitaciones -seis y muy confortables- como para albergar a un grupo numeroso, detalle que la hace ideal para ir en familia o con amigos. Pero sobre todo tiene la ventaja de contar con playas propias junto al río Feliciano; un monte de ñandubaysales y algarrobos cae en barranca hacia la costa de esa corriente fluvial que serpentea entre la espesura, a la que llaman selva de Montiel.
"Aquí uno llega y hace lo que se le da la gana", confiesa Josefina Mathó de Mutti, al tiempo que organiza el ocio de los huéspedes, como buena anfitriona que es.
La estancia abarca casi mil hectáreas, y en general nadie se resiste a la idea de recorrer el campo a caballo después del desayuno. Si el objetivo es seguir hacia el Feliciano, entonces lo normal es partir provistos de víveres para hacer picnic a pasos del agua dulce; las caminatas por los senderos en el monte son una buena conclusión de la salida.
La vuelta en sulky bien puede quedar para la tardecita, cuando el campo se transforma por efecto de la luz crepuscular, con esa quietud especial que derrama. El casco, uno de los más antiguos de la provincia, tiene más de 200 años. Está emplazado en las tierras que fueran de la Compañía de Jesús, sólido testimonio de una historia que arranca con la expulsión de los jesuitas en 1767, y la venta de esas tierras a Juan Ventura Deniz.
Las heredó su viuda, doña Gregoria Pérez y Larramendi, quien, con motivo de la campaña al Paraguay, puso 1a propiedad a disposición de Manuel Belgrano, con "todas sus haciendas, casas y criados, desde el río Feliciano hasta el puesto de las Estacas". Así fue cómo el general y su ejército pudieron establecer un asentamiento que resultó esencial; en gratitud a la noble mujer, Belgrano la nombró Primera Dama Patricia de la República.
De aquellos tiempos azarosos sólo quedaron el gran caserón -el casco mismo de la estancia- junto a los pilares y las rejas de la vieja entrada.
Otras son las inquietudes que hoy en día tienen los habitantes de la cercana ciudad: pesca, golf y termas. Son las tres variables del ocio que se practican, para alternar con el ritmo particularmente pueblerino que distingue a la pacífica urbe entrerriana.
Alrededores de La Paz
Frente a este enclave se abre un delta increíble, una red de aguajes diversos e islas modelada por el caudaloso Paraná. Dentro de esta inmensidad está la Reserva Ictícola Curuzú Cha1í de 14 mil hectáreas, hábitat de surubíes y dorados mayúsculos, las piezas más codiciadas. Desde el viejo muelle, en el puerto, salen las embarcaciones con guías y pescadores. Para felicidad de todos ellos, aquí se celebran las fiestas provinciales del surubí -entre marzo y abril- y la del dorado, en octubre.
Los golfistas por su parte, también tienen espacio propio en las afueras de La Paz, en el club homónimo: 9 hoyos repartidos en el verdor ondulado con sus lagunas y puentecitos. Item de moda en esos pagos son las aguas termales. Desde hace más de un año, el complejo Termas de la Paz es el punto donde convergen los ávidos de revitalización, dispuestos a conseguirla con el agua salada que allí brota, rica en minerales. El buen diseño y la calidad de servicio de las piletas e instalaciones caracterizan a este complejo, con una vista única al Paraná.