Revista LUGARES Nro. 42
Pág. 28 - 45
Por: Soledad Gil
Fotos: Federico Quintana
REVISTA LUGARES
EN LA ESTANCIA - Tercera Parte
Estancia La Mora
Cerca de Mercedes, La Mora conserva su "excusa" en plena producción. Es una de las pocas cabañas que todavía se dedica a la producción del toro criollo, campeón de Palermo, y la cría de aberdeen angus. Con 12 habitaciones, organiza también eventos en los viejos galpones adaptados para recibir grupos. En un rincón funciona todavía el taller de Acuario, la chacra orgánica que Federico Conte Mac Donell supo dirigir antes de adquirir La Mora.
Con suerte, una yapa de dulce de leche casero, bien puede sumarse a los asados extensos y gauchescos de la estancia. Un día de campo, por cierto muy económico, incluye desayuno, almuerzo y té. Hay pileta, golf en el cercano Mercedes Golf Club, salames mercedinos y canchas de polo y voley.
Por la simpatía campechana de Federico y la autenticidad del casco, La Mora es perfecta para quien busca la esencia de la estancia sin firuletes, el lugar donde el entorno y sus costumbres sigue predominando por sobre el protocolo.
Estancia La Encantada
Vecina amable de Capilla del Señor, La Encantada agrega una dimensión a la plácida vida de chacra. Si el tiempo lo permite, con la calma del inicio y el fin del día proponen salidas de tres horas en globo. El de Fernando de la María y Marcela Grinberg es el único aeródromo de globos permanente y funciona allí la escuela civil de vuelo en globo. Comenzaron con ella cuando contactaron a Norberto Barozza, el "patriarca de los pájaros" que comparte con sus hijos la difícil tarea de caer en un campo amigo sin perturbar animales ni obligar a un "rescate" (el acto de pasar a buscar a los pasajeros por donde caen) demasiado dificultoso.
Divertidos cuentos acerca de "el" día en que Eolo y Zeus permitieron que el globo partiera y llegara al mismo punto, o aquella vez en que cayeron en un cumpleaños y todos quisieron salir a dar una vuelta, son parte del anecdotario aerostático.
Los viajeros de pie en tierra tienen la pileta y el restaurante en el que Marcela y Fernando hacen gala de su capacidad culinaria con anchura: pollo -de producción propia- con salsa de naranjas -también propias- y marquise de chocolate son consuelo delicioso para quienes no parten en vuelo. Una pileta digna de chapuzones veraniegos, la granja y los frutales completan la propuesta apta para todo público.
Estancia Dos Talas
Cercana a la ciudad de Dolores se levanta la casa principal de Dos Talas, sorprendente castillo en medio de la pampa. Recuerdos e historias de hombres ilustres hacen de esta estancia una atracción cultural, capaz de enaltecer bucólicos días.
Especial atención merecen los árboles del parque: cuenta la leyenda que el propietario original había contratado a Don Pedro Luto para arbolar 200 hectáreas de las 7.500 que tenía el establecimiento, a un precio determinado por árbol. Aparentemente, al cabo de cinco años los árboles plantados superaban el valor de la estancia. El anónimo deudor se negó a materializar el pago y, juicio mediante, Luro acabó por convertirse en el nuevo dueño.
Don Pedro era un vasco francés nacido en 1820. Visionario y promotor del desarrollo nacional-en tiempos en que la provincia de Buenos Aires sufría el atraso del aislamiento-, Luto fue pionero también de la ciudad de Mar del Plata. Ni pestes, indiadas, sequías o inundaciones lo amedrentaron a la hora de colonizar, sembrar y comerciar al sur de la provincia de Buenos Aires, desde la boca del Salado hasta la del Colorado.
En Dos Talas, Don Pedro mandó construir una casa de dos plantas en la que vivió con su mujer, Doña Juana Pradere, y donde nacieron seis de sus 14 hijos. Once vivían hacia 1888, cuando Luro redactó su testamento. Pero sólo una, Agustina, heredó la finca: era la octava y la primera nacida en ese solar.
Casada con Francisco Sansinena, industrial, dueño de los frigoríficos La Negra, Agustina prosiguió con la obra iniciada por su padre, con ímpetu y rigor. "Los peones deberán estar en su trabajo a la salida del sol, habiendo antes desayunado con mate" o "En todo el año se les darán tres galletas diarias"(sic) son fragmentos del reglamento firmado por su puño y letra.
Aún conociendo la historia del parque original, Agustina consideró que Dos Talas no podía faltar en la lista de jardines diseñados por el prestigioso paisajista Charles Thays. Texturas y verdes discontinuos aparecen entre las avenidas de árboles (con una variedad de más de 50 especies), rosedales, plátanos, castaños de la India, araucarias, casuarinas, ligustros, estatuas y lago artificial.
En 1893, fue el turno de la residencia. El castillo de dos plantas con reminiscencias franco-italianas y escalinatas asimétricas en el frente, fue construido con inspiración belle époque. Allí, donde hoy se hospedan los turistas, se abrieron en 1910 los salones de la esplendorosa mansión para agasajar a la Infanta Isabel de Borbón con motivo del Centenario.
Doña Agustina y don Francisco fueron padres de cuatro mujeres: Julieta, Elena -Bebe-, María Esther -Niní-y Lía. En 1914, al morir Julieta en Francia, su madre levantó una capilla en un extremo del parque, réplica de la de Nuestra Señora de Passy, en donde sepultaron a su hija.
Hoy, la conducción de Dos Talas está en manos de Luis y Sara Elizalde, quienes mantienen con sudor y esfuerzo el patrimonio heredado de su tatarabuelo. Luis es nieto de Bebe Sansinena de Elizalde, quien hizo de Dos Talas, la Villa Ocampo de Dolores (y mantuvo con Victoria una estrecha amistad). Fue creadora de la Fundación "Amigos del arte" y promotora de innumerables presentaciones, eventos y actividades. Por eso, los retratos de Federico García Lorca y Ramón Ortega y Gasset, entre otros, saludan cálidamente a los huéspedes desde portarretratos y escritorios.
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En el parque, caminatas o paseos en coche de caballos acompañan la visita guiada a corrales, tambo, caballerizas, galpón de esquila y huerta, como así también al Museo de Pedro Luto que conserva el busto de Ricardo Güiraldes, el escritorio, retratos y otros recuerdos del "prócer" familiar.
Félix Luna, tras una visita a la estancia, dedicó unas.emotivas líneas a Sara: "Esas viejas estancias argentinas, que la estupidez de algunos ve como expresiones de riqueza y snobismo, son en realidad el futuro de trabajos duros y constantes; y cuando los descendientes de sus fundadores las valorizan tal como Ud. lo hace, se convierte en elemento del patrimonio común de los argentinos".
Estancia Juan Gerónimo
En la bahía de Samborombón, el río se echa a la mar. Procurada desde mediados del siglo pasado por piratas y contrabandistas -desertores del puerto de Buenos Aires- que utilizaban la zona como entrada alternativa, la estancia de marras fue bautizada por uno de estos personajes, Juan Gerónimo White, marino inglés, con el tesoro que mejor supo acuñar: su nombre.
Así, las 10.364 hectáreas que Ernesto Tornquist compró en 1901 ya se conocían como Juan Gerónimo cuando él, creador del banco homónimo y el Plaza Hotel, llegó hasta allí. Tampoco su hija y heredera María Luisa, casada con Benjamín Muñiz Barreto, quiso modificar ese designio. Por lo demás, aprovechó los tiempos de bonanza y -fanática como era de la arquitectura Tudor- encargó al arquitecto Collcut, constructor del Hurlingham Club y la embajada de Gran Bretaña, la creación de las caballerizas, la cabaña, el tea house (donde ella tocaba en el clave piezas de Bach) y la administración de la finca, dando a la escena una estampa digna de campiña inglesa.
Era la época dorada, claro. La crisis del año `30 hizo mermar las hectáreas, algunas de las cuales se recuperaron luego -actualmente Juan Gerónimo tiene 4.000-, el proyecto de la mansión Tudor quedó trunco y hoy la casa mantiene un carácter totalmente criollo.
Conserva, todavía, antiguos muebles portugueses, platería colonial, cuadros, armas y la antigua sala con valiosos volúmenes (hay ediciones del siglo 18), carpetas de grabados -Muñiz Barreto llegó a recopilar más de 10 mil piezas-, colecciones de tarjetas postales de la estancia editadas en 1924 y fotografías positivas de vidrio de los años `20. Dispone de siete cuartos, con chimeneas que abrigan las frías noches de invierno y géneros vivaces en combinación con las cortinas y los edredones.
El parque de 110 hectáreas es una síntesis de verdes nogales, talas y cipreses que se reúnen con espesas avenidas de acacias y eucaliptos. Helechos y calas habitan enredados dentro del monte coronando a las dispersas construcciones.
Vino y copetín alientan la espera del asado servido en la mesa principal junto a delicada vajilla y platería rioplatense. El rito de la comida se divide en cuatro y los sabores no pierden su sello de casero desde el desayuno -con dulces artesanaleshasta sabrosas milanesas de ciervo (una exclusividad de la casa) a la hora de la cena.
Por la mañana, una visita a los establos, desasna a quienes se mantienen ajenos a la actividad rural. En la manga, listos para la vacunación, vacas, toros y terneros cumplen con el rito. Aberdeen angus, cebú y brangus se distinguen en las manadas. La yerra y la doma vendrán en días sucesivos.
Desde el campo se atraviesa el bosque para llegar a los médanos, ya sea a caballo o en un tractor con acoplado de prolijos fardos. Durante la recorrida, algunos ciervos axis aparecen junto a garzas y cigüeñas que transforman el circuito en un festival fotográfico. El suelo se vuelve arcilloso y ya sobre el río, los pastos son duros y la arboleda de talas apenas asoma sobre la arena blanca mezclada con conchillas y cangrejales.
Ubicada dentro del Parque Costero Sur, declarado por la UNESCO reserva mundial de la biosfera en 1984, la flora y fauna de Juan Gerónimo es rica en mulitas, zorros, tortugas, vizcachas, peludos, nutrias y teros.