Revista LUGARES Nro. 66
Pág. 88 - 89
Por: Rosana Acquasanta
Foto: Néstor Paz
REVISTA LUGARES
FUNDACION MIGUEL LILO

Una hectárea necesitó el sabio para que en ese retazo de tierra perteneciente a una pequeña finca familiar, brotara la idea de lo que más tarde se convertiría en un jardín botánico de ejemplares autóctonos. El que hoy cualquiera puede apreciar con sólo acordarse de que en San Miguel de Tucumán aún quedan espacios puros, como el que le da sentido a la Fundación Lillo, y cuyos directores de área trabajan ad honorem. Allí funciona el Museo Pedagógico de Ciencias Naturales, buenísimo, abierto en 1970 a un lado del jardín botánico, por el que transitan unos 12 mil chicos al año.
La biblioteca, tema aparte, que arrancó con la colección privada de Lillo -11 mil volúmenes- y ya pasa los 130 mil ejemplares. La piedra filosofal es, sin duda, la colección Humbolt -32 tomos-, una de las siete existentes en todo el mundo y completas sólo dos: la que está aquí y otra en Francia.

Pero las estrellas son los tres incunables Genera & Especies, libracos inmensos y gordísimos que contemplan las ramas de geología, zoología y botánica. Editados en el `43, con ilustraciones coloreadas, como era de rigor antaño. Sólo verlos provoca un cambio en el ritmo cardíaco, lo juro.
En el planeta Lillo también hay una colección de diarios El Orden, completa desde 1884 hasta la II Guerra Mundial. Siga acumulando millares: 700 mil ejemplares del herbario, el más importante de Sudamérica. Y 30 mil metros cubiertos de laboratorio, con un centro de información geo-biológica, un centro de referencia para lacto-bacilos...

No tuvo título universitario alguno Miguel Lillo, aunque eso no impidió que recibiera un doctorado Honoris causa. Era un investigador por naturaleza -valga el juego semántico - que vivió en la más completa austeridad y así murió, con lo puesto y rodeado de erudición. Su tumba está en el jardín, escoltado por las representaciones de Madre Natura y junto a las ruinas de lo que fuera la casa familiar.
El olvido no cabe para la grandeza de Miguel Lillo.