Revista LUGARES Nro. 46
Pág. 40 - 45
Texto y Fotos: Guido Chouela
REVISTA LUGARES
JUJUY LA PUNA Y LA QUEBRADA
Llegamos a la quebrada de Humahuaca por la ruta 9. Luego de atravesar selvas y lluvias tropicales el camino se va empinando más y más, se va curvando como el cauce de un río de montaña, y sube tanto que se tapan los oídos. Va surgiendo el paisaje de la Quebrada y los nombres de los colores son absolutamente insuficientes para nombrar cada uno de los que se percibe en las laderas de las montañas.
Se quedó corto quien llamó al cerro que rodea Purmamarca "el de los siete colores": son decenas de matices de verde, rojo y gris. Lo mismo ocurre en toda la región. Son cientos de kilómetros de paisajes con sutilezas cromáticas creadas por los movimientos geológicos, la erosión y el tiempo.
Si se sube por la 9 desde el sur, a pocos kilómetros del camino está Purmamarca, uno de los pueblitos más hermosos de la Quebrada. Son pocas cuadras de paz y casas de adobe terracota. Previsiblemente, alrededor de la encantadora plaza central se agrupan casas coloniales, una interesante iglesia del siglo XVII con su interior construido en madera de cardón, varios puestos de artesanías y un algarrobo que es testigo del paisaje de la Quebrada desde hace más de 500 años.
A pocos metros se encuentran una muy agradable posada y La Posta de Purmamarca, donde es casi un deber degustar las especialidades norteñas debidas a la mano de Lucy Vilte, su célebre cocinera. Las humitas en chala, las empanadas de carne, los choclos con queso, tienen en cada pueblo un sabor ligeramente distinto.
Purmamarca creció al amparo del famoso cerro de colores, que se puede rodear a pie o en auto por el nuevo camino de Los Colorados, unos morros que afloran extrañamente de la roca.
Siguiendo siempre por la ruta 9 se llega a Maimará, una pequeña ciudad circundada por la "Paleta del Pintor", otra toponimia relacionada con la maravillosa gama de colores del cerro vecino. Sobre sus laderas se asentó el cementerio del pueblo, del que se obtiene la mejor vista desde la ruta misma.
Pucará de Tilcara
Más al norte nos topamos con Tilcara, tal vez la ciudad más importante de la región desde el punto de vista cultural. En ella se puede encontrar museos, ferias y conciertos folklóricos. Pero el mayor atractivo de Tilcara es sin duda el célebre Pucará, que ha sido reconstruido y cuya visita es imprescindible.
Pucará es una antigua ciudad militar indígena que, por razones estratégicas, fue establecida en un punto desde donde se domina visualmente una amplísima zona. La vista de la Quebrada desde el Pucará, por lo tanto, es realmente imperdible. En la antigua ciudadela se percibe, además, la atmósfera de otros tiempos que anida en la textura de las rocas, las paredes y los corrales. Es preferible recorrerla a pie -si es que uno ya se ha habituado a la altura- que hacerlo en auto, entre otras razones, para no perderse un recorrido por el curioso jardín botánico de altura, compuesto por incontables especies de cardones y cactus.
El Museo Arqueológico exhibe piezas notables de las diferentes culturas que habitaron estos paisajes. Muy cerca, alrededor de la plaza, se ha formado una feria de artesanías donde es posible comprar a buen precio hermosos tejidos de la región.
Si tiene la suerte de visitar la ciudad en la época de Semana Santa o en el mes de la Pachamama, en primavera, vivirá la experiencia casi onírica de las fiestas populares y religiosas que caracterizan a la cultura coya cristianizada. En Semana Santa, miles de fieles de otros pueblos llegan a Tilcara para sumarse a la procesión que sube una larga cuesta hasta el Abra de Punta Corral, a más de cuatro mil metros de altura, y baja por única vez en el año a la Virgen del mismo nombre. Las bandas de sikuris -pequeñas orquestas de hombres y niños que repiten el mismo compás con sus bombos y sikus- crean la monótona atmósfera sonora de la ceremonia. La ciudad se llena de pórticos de flores para recibirlos.
Las festividades de la puna, que tanto acercan a la región a otras culturas de América, son sin duda uno de los rasgos principales del atractivo norteño.
Una contracara es la ciudad de Humahuaca, centro comercial de la región, con escaso interés turístico a primera vista. En su parte histórica tiene, sí, el atractivo de unas cuantas cuadras con casas típicas de adobe y pocos autos.