Revista LUGARES Nro. 46
Pág. 40 - 45
Texto y Fotos: Guido Chouela
REVISTA LUGARES
JUJUY LA PUNA Y LA QUEBRADA
Reserva natural y arqueológica
Una madrugada salimos rumbo al norte por la ruta 9 junto a Ariel Mosca, conocedor de cada rincón de la Puna y habitante de Tilcara. Las primeras luces de la mañana teñían las montañas a ambos lados de la ruta, mezclándose con la niebla de la fría noche quebradeña. Más allá de Humahuaca termina el asfalto y comienza una subida sinuosa hasta los cuatro mil metros. Es el principio de la Puna propiamente dicha, o del Altiplano, como se la nombra en Bolivia. Nos dirigimos hacia Abra Pampa -llamada por algunos "la Siberia Argentina", v "la Capital de la Puna" por otros- y desde allí tomamos la ruta provincial 7, hasta la laguna de Pozuelos, a 3.700 metros de altitud. Su espejo de agua, de 15 mil hectáreas, es el hábitat de más de 36 especies de aves migratorias; los flamencos y las parinas se llevan las palmas por su porte y plumaje rosado. Vale la pena detenerse en las orillas para observar a estas singulares aves, en el silencio del altiplano.
Luego de un rodeo de 21 Km. por la parte sur de la laguna, llegamos a Rinconada. Este caserío, actualmente habitado por apenas 200 almas, fue fundado en 1624 y llamado Rinconada del Oro o Valle Rico de Rinconada por las importantes minas auríferas que entonces había en la región. Aún circulan entre los lugareños leyendas de hallazgos de lingotes de oro embutidos en las paredes de adobe de las casas o bajo las piedras.
Algunas de esas historias nos fueron relatadas por uno de los 200 locales mientras caminábamos por la plaza del pueblo, donde pueden verse una iglesia del siglo XVIII y las gruesas arcadas del Cabildo perfectamente conservadas.
Por el camino de Rinconada a Mina Pan de Azúcar, la Puna se ve como una extensa llanura de belleza incomparable, interrumpida por altiplanicies donde antiguamente se asentaban las poblaciones indígenas. El Pucará de Rinconada es una de ellas, desde donde se domina la cuenca de la laguna y el altiplano; al mismo tiempo el antigal -visitado casi exclusivamente por arqueólogos- ofrece una sorprendente cantidad de edificaciones, muy abigarradas, que sugieren calles internas, asequias y templos. Se camina literalmente sobre restos de cerámicas indígenas -las de mayor valor se encuentran en el Museo Arqueológico de Tilcara- como sobre un infinito rompecabezas que remite a la rica historia de América.
La sal de la tierra
Hacia el sur de Tilcara, camino a Purmamarca, se sube por un empinado camino -el Abra de Potrerillos- que llega nuevamente a los 4.200 metros de altura para acceder a la Puna. Pero esta vez llegamos a un desierto absolutamente blanco, las Salinas Grandes, un sitio bellísimo que agrega un matiz inesperado al paisaje del norte. El único sonido que se escucha en el salar es el de los propios pasos sobre el suelo blanco.
Desde Salinas Grandes se puede seguir por el reciente paso de Jama, a Chile, o tomar la ruta 40, que nace unos kilómetros más arriba, cerca de la Laguna de Pozuelos hacia el sur para cruzar el límite con Salta y llegar a la ciudad de San Antonio de los Cobres.
Enclavada en plena Puna, San Antonio, una de las paradas del Tren de las Nubes, sobrevive con estoicismo a la dureza del clima. Si decidió llegar hasta aquí con auto y se dirige hacia la ciudad de Salta, recorrerá el mismo camino que realiza el famoso tren. Puede resultar difícil sin un vehículo adecuado, especialmente en época de lluvias -entre abril y noviembre- por los innumerables cruces del Río Toro. Pero el camino da la posibilidad de detenerse en sitios imperdibles, como Santa Rosa de Tastil.
En este pequeño pueblo existió una extensa ciudad indígena, hoy las Ruinas de Tastil. Para subir a ellas hay que pedir las llaves en el museo ubicado en la entrada del pueblo. Vale la pena: es un mirador único para apreciar la extensión del pucará, que cubre varias colinas del valle.
El valle del viento
A Salta se llega por la ruta 51, un cansador camino de ripio pero también una de las salidas más espectaculares de la Puna. Va desde la ciudad de Salta por el valle de Lerma hacia los Valles Calchaquíes, región ideal para completar el periplo norteño.
Llegando a Cafayate -capital de los valles Calchaquíes- se recorre un extenso desierto con extrañas formaciones geológicas, como el Obelisco, la Garganta del Diablo y El Anfiteatro, una altísima pared semicircular de piedra donde un guitarrista suele tocar para los escasos visitantes.
Cafayate, una ciudad turística que puede estar saturada en vacaciones de invierno y Semana Santa, tiene el atractivo de los viñedos e importantes bodegas que cultivan la uva torrontés, la única cepa argentina. La Rosa y Etchart son algunas de las que reciben con copa en mano a los visitantes.
El Norte es rico en posibilidades; los viñedos de Cafayate agregan un elemento más al paisaje natural, cultural y arqueológico de la región.