Revista LUGARES Nro. 81
Pág. 54 - 59
Por: Soledad Gil
REVISTA LUGARES
LA CIUDAD Y ALREDEDORES
A la Quebrada de los Sosa, esa curva verde e infinita que hay que atravesar para conectar Tafí con Tucumán, el otoño no le hace mella. Los laureles gigantescos, los claveles del aire, las tipas... la yunga goza de perfecta salud mientras dura el camino de curvas y contracurvas, y se acaba sin más con la primera recta. Un ingenio, un cañaveral, otro, otro y otro más.
Cuando empieza el otro Tucumán, el del azúcar y los limones, no hay cómo hacerse el distraído. De pronto la escena se colma de tractores que entran y salen a la ruta, integrales (un tipo de trilladora de azúcar), zafra, un smog propio de los tiempos de cosecha, bagazos en la ruta, una historia que se entraña con la de la provincia y cuya dulzura está lejos de ser lo que era. El limón, en cambio -exportado como extracto, esencia y jugo- parece una fruta con buenas perspectivas. Como prueba están las plantas procesadoras de Tafí Viejo, donde también hay grandes plantaciones y filas de camiones. La cosecha del limón, a diferencia de la del azúcar que está casi automatizada, se realiza absolutamente a mano.
Un programa más apacible y elegante consiste en trepar hasta Villa Nougués, la que Luis F Nougués fundó en 1904 para los empleados del ingenio San Pablo, y se esconde allá abajo, donde el monte se mezcla con la ciudad hasta perderse.
Casi todo se llama Nougués en la villa, y la mayor parte de las propiedades de la zona siguen en manos de la familia, empezando por el edificio principal, la Hostería, que es en realidad un restaurante de soberbia vista panorámica, comandado por Sofía Terán Nougués y su padre, José Agustín, más conocido como Pepe. Está abierto todos los días al mediodía porque a mucha gente le dan miedo las curvas del cerro por la noche. De todas maneras, la villa es para verla, caminarla, observarla y descansar, ya sea por el día o instalado en Vila Lolette, la espléndida hostería de Eduardo García Hamilton y Tesi Terán, donde cada cuarto es diferente, y bautizado con el nombre de los hijos de la pareja.
Vila Lolette ofrece el lujo a escala pequeña que no tiene la ciudad de Tucumán. La capital es grande y los hoteles allí son ídem. La buena noticia es que hay algunos nuevos, entre los que se destaca el Garden Park, frente al Parque 9 de Julio. Con instalaciones impecables y un concepto moderno de hotelería, el hotel tiene vida. Hay conferencias, gente que se reúne en el bar, y una rica mezcla de turistas y hombres de negocios.
Casi lo mismo, pero entre parroquianos y oficinistas, ocurre en La Cosechera, café del centro en el que se encontraban los cañeros, y que vive hoy al ajetreado ritmo de esas pocas cuadras.
La ciudad, nos han dicho, luce desmejorada. La localidad de Yerba Buena no dormía jamás, la Zona Norte era otra cosa... Y, sin embargo, el Cerro San Javier sigue siendo ese espléndido pulmón verde con la mejor vista de la ciudad, tanto de día como de noche, cuando recomiendan no detenerse demasiado porque ha habido algunos robos últimamente.
El Plaza de Almas de Maipú y Santa Fe pasó de ser un boliche secreto de seis mesas a ocupar una casa entera donde Fernando Ríos y Emilio Pucci han conseguido un verdadero espacio cultural que combina bar y restaurante, con exposiciones, recitales de poesía, música y talleres. "En realidad esto comenzó como un pretexto para viajar. Dijimos "hagamos un bar como los que hay en Perú o en Ecuador" y por esas cosas que tiene Tucumán ahora estamos llenos, pero vaya a saber cómo será más adelante...", nos ha dicho Fernando mientras no deja de pasarle gente por al lado. No cabe un alfiler pero para él es muy importante que cada uno -camareras, cocineros y socios- sigan con su vida, por lo que él mismo continúa dando sus clases de física y de teatro. La onda en Plaza de Almas es llegar tardecito y conseguir mesa para saludar a todo el mundo, pispear entre las artesanías, los cuadros, y pedir alguna tapa. Jueves, viernes y sábados es más bien tarea imposible, pero lo es en todos los sitios de moda como Caballo Loco, especie de cantobar de Yerba Buena.
Se comen riquísimos regionales en La Corzuela y también otros platos de la mano experta de Arturo Pelejero y Luis Crimi, aunque el locro, la cazuela de cabrito y las empanadas de carne picante se llevan las palmas. Los tucumanos van con la olla vacía los fines de semana para llevarse el locro y calentarlo en casa, concretando una versión inusitada del delivery.
Arturo y Luis tienen una "sucursal" en Raco, pagos de nuestro amigo Nicolás Paz Posse, cuyo asado hizo que traicionáramos a La Tuquita, que así se llama. Hemos llegado hasta allí para dar una vuelta a caballo en El Siambón, iniciativa preliminar de las cabalgatas por Ancajuli Chaquivil o Las Arquitas que Nicolás organiza a medida, como que se trata de sus pagos. Y es que si todos se llaman Nougués en la villa, en los alrededores de Raco y El Siambón mucho se escucha Paz Posse, apellido resultante de la unión comercial entre Leocadio Paz y Juan Posse, a finales del siglo XIX. Cuenta la historia que Posse persuadió al hacendado Paz para invertir en su ingenio, y que una de las cláusulas del contrato fue la inclusión de un hijo de Leocadio, Ramón Paz -que por entonces tenía 12 años- en la administración de Posse. Desde entonces, el niño comenzó a firmar Paz Posse, y así perpetró la noble estirpe.
Con Nicolás hemos subido al Anfama por el lecho del río La Hoyada, que arrastra unas piedras gigantescas como símbolo seco de la violencia que pueden tener esas aguas en verano. Una vez arriba, rodeados de una niebla espesa que ha envuelto en misterio nuestro almuerzo, Nicolás le ha pedido a Jerónimo Díaz el abrigo de su rancho. Así, entre cuentos de cómo matan al puma, en qué trabajan los changos, cómo hacen los chorizos y se tejen los peleros, han transcurrido las primeras horas de la tarde. A la vuelta, el cielo se ha despejado felizmente y hemos regresado por senderos estrechos y cauces de riachos secos, haciendo más divertido y escénico nuestro paseo.
Hemos enfilado hacia Salta, previa escala en el amable pueblo de San Pedro de Colalao, deliciosa villa veraniega con imperturbable plaza. Si anda con tiempo, mejor entrar por la ruta 312 que pasa por Chuscha y Hualinchay que seguir derecho por la 9 que pasa por Trancas. Por su tamaño, Tucumán es una de las pocas provincias de nuestro vasto país donde todo queda cerca. Vale la pena aprovecharlo: la 312 es de ripio pero se acaba enseguida. Como el territorio tucumano, chiquito pero rendidor por donde lo mire.