Revista LUGARES Nro. 75
Pág. 48 - 51
Texto: Julia Capral
Fotos:Alejandro Peral
REVISTA LUGARES
ESTANCIA LA ESCONDIDA

Modalidad extraña pero que surte efecto: alquilar la casa perfecta en el lugar perfecto, con el servicio y las comidas incluidos, pero con la garantía de que no va a aparecer ningún otro huésped. Más romántico, imposible. Y entre amigos, un programón: casa de
campo de lujo, caballos y pileta. Por el día, el weekend o la semana... y a 50 km de Buenos Aires, en Chacras de Murray, Pilar.

Es la casa hecha a medida de sus dueños, Florencia y Paul Pieres: ella, diseñadora de moda y objetos de Cat Ballou y él, polista eximio. Ambos pensaron en ofrecer un nuevo concepto de hotelería, sin hacer un hotel. Querían brindar una propuesta de ambiente
y confort, con mucho charm y, por sobre todo, privacidad en un marco campestre.
La idea surgió luego de vivir 17 años trotando por el mundo y conocer diferentes culturas, a través de las largas temporadas del polo. Cuando llegó la necesidad de establecerse, el proyecto
tomó forma de casa en las afueras, exaltando el espíritu telúrico, la tradición argentina, muy atentos a la luz y los colores. La estructura surgió de la traza del arquitecto Pablo Sánchez Elía y la decoración, del ojo experto de Florencia, claro. La simetría está a la vista y las líneas son netamente modernas. En ese sentido,
La Escondida dista mucho de ser una tradicional casa de campo. Cemento, vidrio y rectas paralelas resguardan los materiales nobles, cubiertos en colores pasteles, techos altísimos de ladrillos, tirantes con maderas correntinas y un gran living junto al comedor
con chimenea.

Por los grandes ventanales se filtran los naranjas y rosados del cielo en el atardecer, que comulgan en los géneros de los sillones cubiertos por mantas de llama. Cortinados de terciopelo verde se amalgaman con los tonos de los pastos salvajes y los añosos
árboles.
En las habitaciones, los dos cuartos en suite son una mezcla de estilos, en los que predomina el blanco. Se repite el concepto de las largas cortinas de gasa que dividen el cuarto del toilette, revestido en mármol.

La galería perfila la opción del amplio afuera: en los días cálidos, este espacio se convierte en base de operaciones, tanto para las horas de ocio como para las sesiones de masajes, que pueden contratarse
a pedido.
Junto a la pileta, una pérgola lineal abriga el fogón en donde se hacen los asados. La sensación de intimidad es tal que enseguida uno se siente dueño de casa, pero con la ventaja de no tener que mover un dedo.

Buena música, lunas reflejadas en el agua, colchonetas mullidas y velas que alumbran aún más el parque: ideal también para organizar fiestas, en las que los Pieres se ocupan de todo. Paseos en bicicleta, alquiler de la cancha de polo o hasta clases con un profesor de lujo como Paul, son algunas de las actividades.
De puertas hacia adentro, la casa hace de todo por uno: lo relaja, lo distiende, le acerca el campo por las ventanas y lo invita a descansar. Como dice Florencia: "esto no es una estancia, sino un lugar mágico".