Revista LUGARES Nro. 28
Pág. 50 - 53
Por: Julia Carara
Fotos: Néstor Paz
REVISTA LUGARES
LA LEJANIA

Ni bien uno se acerca a esta estancia, el verde paisaje serrano anticipa lo que se vendrá; casi una utopía. Nos recibieron Henry y Nicole Barret, sus dueños. Una linda historia la de los Barret que comienza en el momento en que Henry llegó a Córdoba como director de ingeniería de la Renault.
Después de esa primera vez, siempre que podía volvía a la provincia. Pasarían algunos años antes de que decidieran establecerse definitivamente y crear un hospedaje muy especial. ¿Fue un amor a primera vista? Fue eso y una coincidencia vital: la pareja estaba planteándose cambiar sus costumbres radicalmente. No fue fácil abandonar Francia. No resultó sencillo asumir la separación de Antoine y Natascha, los hijos más grandes del matrimonio, y venirse solos con Cecilia, la menor de sus hijos, a un exótico país de Sudamérica (para los franceses la Argentina generalmente entra en esa categoría, sin embargo, los Barret son una excepción).
Los Barret no se cuestionan de ningún modo la decisión de haber resuelto probar suerte en estas tierras. Se los ve orgullosos de los cambios y reformas que implementaron en La Lejanía. Desde que se la compraron a un matrimonio alemán que la explotaba comercialmente como salón de té y almacén de Ramos Generales, le hicieron muchos agregados. Ellos prefieren construir antes que remodelar. Por supuesto no entraba en su filosofía tocarle ni un ápice a la casa central, una reliquia del siglo pasado.
Para consumar el deseo de organizar una posada, no era necesario desarmar el buen gusto original. Pero lo que más encandiló a Henry del lugar fueron las bellezas naturales. Es lo que se esmera en exhibir.

Con una energía envidiable él mismo salió a recorrer su extenso predio para mostrarle a ese grupo de inexpertas exploradoras que conformábamos -éramos siete mujeres guiadas por Henry, al que se sumaba Néstor, el fotógrafo- parte del río Nono que llega de las sierras y cruza el trasfondo de la casa formando una playita encantadora. Ahí iba este francés conquistador, encabezando la expedición a paso de marcha develando sus lugares secretos y preferidos. La otra orilla del río se mete en la estancia Las Conanas que los Barret un buen día adquirieron para darse el Susto de tener una larga corriente de agua propia, destinada al uso exclusivo de sus clientes. La pareja se divide las funciones: Henry se ocupa de las relaciones públicas, mientras Nicole organiza y se encarga personalmente de la comida que se ofrece. Una delicia, vale subrayar.

A la tarde, La Lejanía se transforma en una casa de té: les aseguro que las tortas son excepcionales. Por su parte, en la posada hay dos comedores: uno es para los que tienen chicos, y el otro para los solitarios, o las parejas sin hijos. La atención es inmejorable: funciona un equipo que sin llegar a extremos se preocupa de que a nadie le falte nada. Antes de irnos, una tarde, después de la siesta obligatoria y deseada, Henry nos propuso una última aventura: descubrir el otro tramo del río que nos faltaba. Así fue como caminamos y trepamos durante 10 minutos hasta llegar a los Cajones, formación rocosa que encierra y atrapa a la corriente. Donde se pudo nos zambullimos y nadamos: avanzamos así hasta el quinto escalón. No puedo describir con palabras la sensación de bracear en agua negra. Se la ve así por la casi ausencia de luz. Es estremecedor sentir cómo la corriente lo lleva a uno hasta el próximo salto. Al terminar la experiencia, no se podía creer la cara de felicidad de Flenry al vernos chochas por habernos animado a cumplir todo su programa. La Lejanía es para descansar haciendo una vida natural: cabalgatas por las sierras, mini driving, trekking y mucho relax. Hay que permitir que el paisaje se integre a nuestra organización mental. Si uno se lo propone, después permanece durante un largo período en la memoria. La posada se abre en los meses de verano, Semana Santa y vacaciones de julio, el resto del año se usa para hacer mejoras y reformas. Los Barret prometen que pese a la creciente demanda, jamás habrá más de 14 habitaciones: el secreto de la paz, radica, entre otras cosas, en preservarse de las multitudes.
Informes y Reservas: llamar al 054-98960.