Revista LUGARES Nro. 72
Pág. 84 - 89
Texto y Fotos: Archivo Lugares
REVISTA LUGARES
LAS HACIENDAS

A San José, la primera de las tres haciendas que visitamos, llegamos de noche. En la penumbra adivinamos el camino de palmeras, la galería iluminada con velitas, la capilla. Nos guiaron hasta el cuarto, dejaron las maletas, cerramos la puerta y no pudimos evitarlo: "¿Qué hago con vos?" nos dijimos con los años que la amistad permite, sin ofendemos por la honestidad del comentario.
No hay forma de disimular que San José es para ir de luna de miel, enamorado, reconciliado, de bodas de diamante, oro, platino, pero en pareja. Los colores, las dimensiones amplísimas, las flores sobre la cama, las frutas... San José nos conquistó por su clima íntimo, y lo disfrutamos sublimando con las cabalgatas, las fotos de las casitas mayas -departamentos ideales para mieleros, con cama con tules y jacuzzis exteriores- y del comedor que siempre está vestido, así haya uno o veinte huéspedes.

Además de Chichen Itza, a mitad de camino entre Mérida y Cancún, hay un par de programas cantados para encarar desde esta hacienda: el primero, conocer el vecino pueblo de Izamal, paseando en calesa -transporte original y no turístico del lugar- para conocer a ese ritmo lento la riqueza de su arquitectura colonial. El otro, ir hasta Aké, un establecimiento todavía en actividad, donde puede apreciarse completo el proceso del hilo sisal. Así como del agave se extrae el jugo para elaborar tequila, el henequén es el alma peluda del hilo sisal. Y el hilo, el modelo económico que rigió la vida de Yucatán durante finales del siglo XIX hasta 1920, cuando el nylon acabó con la ilusión de prosperidad de las haciendas henequeras.

Los alrededores de Mérida están llenos de esas chimeneas enhiestas, único vestigio de la pasada gloria. Muchas haciendas fueron abandonadas, saqueadas o cubiertas por la maleza, y así estaban las cuatro que Don Roberto Hernández Ramírez adquirió hace unos cinco años, con miras a resucitarlas en forma de hotel. Así abrieron Temozón, Uayamón, San José Cholul y Santa Rosa. Los primeros dos años estuvieron en manos de otra cadena, pero en enero pasaron a ser administradas por The Luxury Collection, y si bien son un producto diferente y nuevo para la compañía -Temozón, la más grande, tiene sólo 24 habitaciones, las demás sólo 12 o 10-en servicio y encanto, cumplen los requisitos de "luxury" con creces.

Después de San José, creímos que ni Temozón, ni Santa Rosa (Uayamón, cerca de Campeche, estaba fuera de nuestra ruta) iban a gustamos tanto. Y en efecto la grandeza de Temozón nos desconcertó al principio. Pero a las tres horas, ya estábamos rendidas a sus pies. Una comida en el restaurante que mira a la gran alberca es suficiente para conquistar a cualquiera. Su carácter de hacienda de ley, a todo trapo, pero sin exageración alguna; las vías del truck que todavía surcan sus campos y sus dos cenotes, nos demostraron que ofrece un tipo de vida que merece ser vivida.

A Santa Rosa fuimos a almorzar y ese rato alcanzó para percibir un estilo más campestre, menos ostentoso pero más acogedor. De ahí fuimos a las ruinas de Uxmal, que nos sorprendieron por sus decoraciones, su distribución y el color ocre de sus templos.
El final no hace falta que lo cuente. Volvimos bronceadísimas para seguir dando envidia. De salir de noche, ni hablar. Pero esa es otra historia.