Revista LUGARES Nro. 68
Pág. 62 - 69
Por: Rosana Acquasanta
Fotos: Carolina Aldao
REVISTA LUGARES
SAN ANTONIO DE ARECO
Mirá qué bueno, tiene cidí! Fue lo primero que comentamos con Caro ni bien nos metimos en el flamante Ka cedido por Ford para irnos a los pagos de Areco. Carolina nunca había manejado uno de estos chiches y tenía curiosidad por hacerlo. Yo por mi parte, que soy lo menos tuerca que hay sobre la tierra, me dediqué a fascinarme con los detalles del auto, como el batireloj que se redondea, casi prepotente, sobre el tablero.
La mañana era de libro: cielo azul furioso, ni una nube, calorcito amable. Y cuando llegamos a destino, San Antonio se sumía en la más absoluta parsimonia pueblerina. Estábamos convencidas de que íbamos a poder ocupar nuestros días arequeros al mismo ritmo, merodeando por sus veredas arboladas y deteniéndonos en cada vieja esquina con ochava para adivinarle la edad a tanto ladrillo gastado. Pensábamos que además de repasar los clásicos -el museo de Güiraldes, el almacén de Bessonart, la iglesia, los plateros, el centro cultural Ex Usina-, nos íbamos a poder dar el gusto de no perdonar uno solo de los boliches que últimamente aparecieron, de pasar por el taller de los muchos artesanos criollos que Areco cobija, e incluso de escaparnos un rato a alguna de las estancias de la zona.
Total: hicimos todo lo que nos propusimos y, aunque muy pocas cosas quedaron en el tintero, al cabo de tres días concluimos en que a San Antonio no se lo agota con una visita ni un fin de semana largo. Reincidir en Areco es preciso.
Nos encantó comer en La Lechuza, lugar de buena onda donde Cartucho Lezcano se divierte cocinando. Visitamos tres estancias -El Ombú de Areco, La Bamba y El Rosario de Areco- y también descubrimos un restaurante muy simpático en Vagues, pueblito vecino.
En materia de artesanos nos ceñimos a cinco, eso sí, buenísimos. El platero Gustavo Stagnaro no puede pasarse por alto: dos largas décadas dedicadas a un métier que empezó con asta y plata y desde hace 15 años nada más se focaliza en la asombrosa maleabilidad del metal precioso. La saga Draghi también es historia de plateros que pasó de padre (Juan José) a hijos.
Juan Patricio-27 años-ya está a la par de su maestro y Mariano Andrés, dos años menor, está ahora mismo en Florencia haciendo un curso de repujado. Su hija hizo caso omiso de la platería, pero su joven marido, Alejandro Cruz Alvarez, que también está acuartelado ahí, se reveló aplicado soguero.
Claro que en estas artes magistrales descuella el célebre trenzador Luis Gabriel Martínez, un pope, quien además imparte enseñanza en la escuela del Consejo Deliberante perpetuando así una tradición de artesanía eminentemente rural. "Lo mejor es romper para aprender", dice este virtuoso de 76 años que trabajó 12 años para el Fondo Nacional de las Artes, y cuyos trabajos han llegado a manos del mismísimo Juan Carlos, rey de España, entre otras celebridades.
Nadie como Cristina Giordano parecería capaz de tejer el hilo perlé en telar pampa y componer con esa precisión de diseño a imagen y semejanza de los antiguos motivos araucanos. Hay varios telares en casa de Cristina, algunos criollos, y en todos ella trabaja con idéntica pasión. Sus ponchos y telas son una atracción difícil de eludir, pero las fajas pampas son sencillamente extraordinarias.
Si las cerámicas le atraen, no se vaya de Areco sin pasar por el taller de Roberto Falibene, ceramista de primera capaz de satisfacer todos sus caprichos.
Esta vez nos alojamos en Balcón Colonial, el Bed sin breakfast que Juan y Gillian Aldasoro tienen en el primer piso de su casa: cuartos pulcrísimos, bien netos, con baño privado, TV y calefacción. Exactamente lo que necesitábamos, un lugar al que sólo había que volver para dormir.
Al Parque Criollo y Museo Gauchesco Ricardo Güiraldes, inaugurado en 1938, fuimos de movida, como debe ser. La Pulpería La Blanqueada, a la entrada, con su escenografía típica de época, marca el ingreso al pasado bonaersense y, por ende, al modo de vida del gaucho. Las salas que conforman el museo lucen dignísimas. Sus paredes se ilustran con el impresionismo de Figari y otras obras alusivas al campo, pero sobre todo transpiran sentimiento del famoso autor de Don Segundo Sombra.
Güiraldes. Personaje sin igual, capaz de usar frac y chiripá con idéntica naturalidad, hombre ilustrado y viajero exquisito, dejó este mundo -ay- a los 41 años. Allí está su torso desnudo, en una carbonilla (1916) de H. Anglada Camarasa. Calificar este museo de "recomendable" sería injusto: diría y sin lugar a dudas que es un imprescindible en el haber cultural de todo argentino que se precie.
En la esquina de Vieytes y Pellegrini, dimos con la pulpería Las Ganas.
Se inauguró hace un mes; funciona en lo que fuera un local cere.alero, ambientado con objetos que sus dueños rescataron del pasado arequero. El estaño por ejemplo es de 1915. Acá se toma mate, amén de cerveza, grapa y esas cosas, y se guitarrea si alguno se inspira. ¡Es pulpería dendeveras! La tardecita que allí caímos estaban meta chacareras Manuel De Santiz y Martín Otaegui, dos jovencitos arequeros de pura cepa, que tocan y cantan divinamente. No era una representación, era para ellos, para los que de casualidad se habían arrimado a esta recreación pulpera pensada para lugareños, no para turistas. Pero aquí, tuitos son bienvenidos.
Igual que en La Olla de Cobre, 21 años prodigando mimos palatiales con chocolates excelentes. Del buen trato que acá suelen derramar Teresa y Carlos Gabba es difícil prescindir, por eso quizás es que "inventaron", dentro del mismo local, ese cálido rincón donde atornillarse a sorber chocolate caliente o café, con su chocolatito al pie. Hasta estas cosas se dan en los pagos de don Segundo, donde hasta los fairways son gauchos: adictos al golf, tienen en el San Antonio Country Club 9 hoyos con 18 salidas, repartidos en una pintoresca cancha. Apunten que hay precios especiales para los que se alojan en las estancias de la zona.