Revista LUGARES Nro. 97
Pág. 90 - 93
Por: Archivo Lugares
Fotos: Astrid Sanguinetti
REVISTA LUGARES
SANTA RITA - LOBOS - BUENOS AIRES
Como en un relato fantástico, la arquitectura expansiva de un castillo rosa se yergue sobre la chatura del campo. Es la casa principal de la propiedad de los Nüdemberg, 200 hectáreas en las cercanias de Carboni.
Su original estilo despertó la curiosidad de unas cuantas revistas internacionales, como Architecture & Design. Con una fuerte dosis de eclecticismo, su estética recrea la de un castillo del siglo XVII; tiene torre vidriada, y las figuras de Baco y Neptuno parecen vigilar desde lo alto. Sorpresas nos dan las pampas.
Por dentro, reina el barroco. Igual que del otro lado, en el gran caserón de una sola planta -donde también alojan-, custodiado por leones y envuelto en glicinas y santa ritas.
El cine tampoco puede esquivar el asombro y cada vez que el guión lo justifica, allá van las productoras.
El origen de la estancia se remonta a finales del 1700, cuando el casco original fue construido por la familia Ezcurra. La casa grande tenía 17 habitaciones y siete baños, pero fue ampliándose, hasta que en 1840 doña Encarnación, esposa de Juan Manuel de Rosas, heredó la estancia que entonces tenía varios miles de hectáreas.
Más tarde, Santa Rita pasó a manos de un sobrino de los Ezcurra; éste la vendió en 1890 al senador provincial Antonio Carboni, y casi un siglo después la adquirieron Franklin Nüdemberg y su esposa, Isabel Duggan.
El espíritu colonial sólo lo conservan la capilla, una barraca y la cancha de pelota a paleta. Franklin es médico y durante mucho tiempo vivió con sus siete mujeres -esposa y seis hijas- en Estados Unidos, Brasil y Alemania (donde compró una chacra junto al Rhin, sobre la que también volcó sus fantasías). Amante de la pintura y la escultura, aprendió en Italia las técnicas del estuco; dan fe las molduras onduladas junto a las columnas con capiteles de palmas. De su autoría son las esculturas que surgen en el hueco de la escalera y las pinturas de los entrepisos.
Isabel se encarga, entre otras cosas, de la cocina. Platos fijos de la casa son las pastas caseras y los buenos cortes de carne asada.
Se puede pasear en carro hasta la cañada para la observación de aves y hacer caminatas por el frondoso bosque y el lago. A la piscina actual se añadirá, en breve, otra con dimensiones más generosas.
Carboni y el tren
Santa Rita fue uno de los establecimientos productores de leche más importantes de la provincia.
Entonces Carboni había cedido parte de su estancia para levantar la estación ferroviaria, y así surgió el pueblito homónimo, que bien merece una visita.
No se pierda la capilla: hay frescos traídos por los primeros habitantes - vascos y calabreses- que llegaron después de la II Guerra Mundial.